SINFONÍA Nº 40 DE MOZART: MOZART NO SIEMPRE SONRÍE

 En la Sinfonía nº 40 en Sol menor k. 550, Mozart muestra un mundo de tensión y emoción contenida en pleno verano de 1788.




"No presto ninguna atención a los elogios ni a las críticas de nadie. Sigo simplemente mis propios sentimientos"

(Mozart)













   La Sinfonía nº 40 de Mozart es una de las más conocidas del compositor y fue escrita en el mismo verano que la Sinfonía nº 39 y la Sinfonía nº 41 (a las que dedico sendos posts en este blog). Las tres fueron compuestas en el año 1788. Ésta en concreto la terminó el 25 de julio de ese mismo año.

   En ese momento, Mozart atravesaba dificultades económicas y familiares, que ya he detallado en otro post. Sin embargo, también se encontraba en un período de gran productividad artística, ya que, además de las tres sinfonías citadas, compuso una sonata para piano, dos tríos para piano y una sonatina para violín.

   Es precisamente en el marco de unos posibles conciertos por suscripción en Viena donde adquieren sentido estas sinfonías. No como obras aisladas ni fruto de un encargo específico, sino como parte de un proyecto más amplio, nacido de la necesidad de presentarse ante el público vienés y sostener su actividad profesional. Así, estas sinfonías (entre las que destaca la nº 40 que nos ocupa ahora) forman parte de un impulso creativo continuo. 

   En la Viena del s. XVIII, los conciertos por suscripción eran un mecanismo habitual para que músicaos independientes como Mozart presentaran su trabajo ante el público y financiaran sus actividades. El compositor organizaba una serie de conciertos y los interesados adquirían una suscripción previa, con la que se cubrían los gastos de sala y de los músicos necesarios para la interpretación.

   De este modo, estas sinfonías pueden entenderse como parte de ese esfuerzo por sostener su actividad musical en un contexto de gran exigencia profesional y económica.
   

   La Sinfonía nº 40 de Mozart consta de cuatro movimientos: Allegro, Andante, Menuetto y Allegro assai, siguiendo la estructura habitual de la sinfonía clásica, basada en un primer movimiento rápido, un segundo lento, un tercero de carácter danzable y un final enérgico. La obra cuenta con una revisión posterior en la que Mozart añadió dos clarinetes a la instrumentación original. Esta incorporación supuso una ampliación del color orquestal, especialmente en los registros medios, y aporta una mayor riqueza tímbrica al conjunto.

   En cuanto al material temático, hay dos elementos significativos:

   El primero es el motivo rítmico-melódico inicial del primer movimiento, que actúa como un gesto de apertura, generando tensión desde el inicio y marca el carácter dramático de la obra. Este motivo fue muy querido en el Romanticismo, como demuestra alguna obra de Rachmaninoff. 

   El segundo recurso es muy característico del estilo sinfónico del momento: un arpegio ascendente que recorre la tríada de la tonalidad con gran energía. Está asociado a la Escuela de Mannheim, conocida por sus grandes ascensos de tensión. Fue muy extendido en el lenguaje sinfónico del Clasicismo y fue recogido posteriormente por otros compositores como Beethoven.

   En conjunto, se trata de una sinfonía de carácter más expresivo que la nº 39 y la nº 41. Su intensidad emocional la ha convertido en una de las obras más interpretadas de su catálogo sinfónico. Es una obra maestra que refleja la madurez de Mozart y que concentra gran parte de su lenguaje sinfónico tardío.

   Os dejo con ella, espero que la disfrutéis.

Interpretación de obras de Mozart

Sinfonía nº 40 de Mozart


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