SINFONÍA Nº 39 DE MOZART
Un diálogo de genios en el verano de 1788.
"La música no está en las notas, sino en el silencio entre ellas"
(Mozart)
En el verano de 1788, la vida de Mozart no atraviesa su mejor momento. Las deudas se acumulan, la vida familiar se complica y los encargos escasean. Sin embargo, en medio de esta situación surge una música serena, luminosa y sin artificio aparente, aunque cargada de una gran emotividad contenida.
Esta sinfonía forma parte de la trilogía final de las sinfonías escritas por Mozart, de la que ya hemos hablado en otro post. Se distingue de las otras dos por su carácter especialmente brillante y cálido, una obra que algunos han relacionado con los principios masónicos, al proyectar una atmósfera "iluminada", en contraste con el tono más contenido de la Sinfonía nº 40.
| Franz Joseph Haydn |
En este contexto, podemos citar las sinfonías londinenses de Haydn, como la nº 94, que representan un modelo de madurez sinfónica del clasicismo, Mozart admira profundamente este lenguaje musical y, toma ese testigo, llevándolo un paso más allá en esta sinfonía, dentro du su propio universo expresivo. Esto se ve, sobre todo en el cuarto movimiento de la obra que nos ocupa debido a su construcción monotemática (aspecto que se ve en las obras de Haydn)
La Sinfonía nº 39 tiene una estructura tradicional de cuatro movimientos, lo que la hace una de las más clásicas del autor, aunque manteniendo rasgos innovadores que la distinguen de otras obras de su época.
Los cuatro movimientos a los que me refiero son: I - Adagio - Allegro, II - Andante con moto, III - Menuetto (Allegretto) y IV - Finale - Allegro.
Es una obra instrumental en la que el timbre va variando de los violines, importantes en el primer y el cuarto movimientos y los clarinetes, que sustituyen a los oboes en el segundo y tercer movimientos. Es precisamente la obra de madurez de Mozart en la que más destacan los clarinetes.
En cuanto a la textura musical de la Sinfonía nº 39 de Mozart es un remedo del contrapunto barroco tamizado por la claridad del Clasicismo. Esta combinación se escucha sobre todo en el cuarto movimiento (Finale) en el que se puede escuchar el diálogo entre las cuerdas y los vientos madera, creando el contrpunto entre ambas sonoridades enriqueciendo el timbre orquestal empleado en esta sinfonía.
Os dejo con esta obra tan mágica de Mozart, espero que la disfrutéis.
♫ Escucha la Sinfonía nº 39 de Mozart
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